Jose Saenz de Santamaría comparte con nosotros su visión del mundo del envase

José Saenz de Santamaría, Director general de Rivercap

jueves, 16 / enero / 2014

José Sáenz de Santa María, director general de Rivercap, defiende este y otros valores en su entrevista en el diario La Rioja.

“Con humildad, y con el permiso de los viticultores y de los enólogos, y de tantos y tantos buenos profesionales en la elaboración, maestros alquimistas conseguidores de esta maravilla que es el vino de Rioja, pienso, como consumidor de a pie, que antes de abrir una botella, antes de iniciaros en la cata sensorial, son la vista y el tacto los dos sentidos que nos inician en su apreciación.

Una consulta, o una referencia previa, pueden ponernos sobre la pista. La marca, la variedad, su añada o simplemente una lectura en algún medio de comunicación, nos preparan bien el terreno.

Pero, verdaderamente, para los consumidores no profesionales, los que vamos a los lineales, o contemplamos al sommelier en el restaurante como realiza su oficio de presentación y apertura (casi una liturgia si se hace como se debe hacer), son la vista y el tacto los sentidos que nos acercan, los que nos presentan, el uno al otro: vino y consumidor.

Si asumimos como verdad en la vida que la primera impresión es fundamental en la disposición que tendremos como consumidores de un producto, no deberíamos subestimar el formato, los materiales y los elementos de comunicación que decidirá emplear la bodega para posicionar su vino en el lugar adecuado. En una palabra: ¿Cómo nos vestimos para la ocasión?

A lo largo de los últimos 20 años hemos venido mejorando, de manera sorprendente algunas veces, y de manera poco afortunada otras,  el envasado de vino adaptando nuestros hábitos al mercado y sus tendencias. Pero quizás, en algunos casos nos hemos dejado llevar excesivamente por la estandarización, por la racionalización de tipos y volúmenes, y por un sentido excesivamente económico de esta acción.

Los números, la conveniencia, la economía… son todos los factores importantes y lógicos a la hora de gestionar nuestro negocio, pero también son sensibles y traicioneros cuando no nos detenemos a segmentar y segregar nuestros productos.

Es probable que los sentidos no sean miembros objetivos del panel de cata a la hora de juzgar la presentación de un vino, pero también es verdad que para captar al cliente (cliente no profesional, pero amante del vino) debemos cubrir todos los flancos posibles.

Si un simple regalo, barato y sin lujos, pero bien envuelto, con detalle, con materiales nobles (papel, metal, madera, cristal, etc...) multiplica su valor por la percepción de su presentación, ¿que diríamos de un buen regalo de valor y singularidad como el vino?

Debemos elevar el valor de nuestro vino, no sólo su volumen, en los mercados nacionales, pero sobre todo en los internacionales. Partiendo de que nuestro vino es fiel y honesto resultado de nuestro trabajo en la viña, en su elaboración, y en su paciente y larga crianza, añadir valor a través del envase puede ser la herramienta que nos facilite ese posicionamiento que deseamos.

Esa singularidad que necesitamos transmitir para saltar la barrera del precio.

No dejemos tan solo en manos de la economía, la racionalización y la conveniencia el valor de la comunicación y el envase. Estos dos elementos son los que nos van a presentar ante un público de potenciales clientes saturados de infinidad de marcas y regiones.

Elevemos el valor del envase, y su singularidad, y multiplicaremos la captación de clientes. Dejemos en manos expertas su diseño, la segmentación y la orientación de nuestro envase en función de nuestras marcas para llegar con más valor a los lineales de Japón, de Florida, o de Singapur , y que, al abrir una botella de vino de Rioja en un restaurante de Nob Hill, en San Francisco, los ojos del consumidor se queden, por un momento, sorprendidos por la elegancia y corrección del envase de nuestro vino, de su cápsula de metal noble con sus relieves y serigrafías, y bien ajustada, su etiqueta impecable y de lectura fácil y elegante, y una excelente botella de diseño actual.

En un mundo globalizado, de grandes marcas y volúmenes, de velocidad y generalidades, la singularidad, la nobleza, y el arte de las cosas bien hechas, añaden el valor y el sentido en la percepción del consumidor.

Es, en fin, una cuestión de detalle.

Categoría:Empresa

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